La dinámica de la creación y la escritura científica

Por Adriana Pierre Coca| 30 Abr 2019

Esta ponencia integra el libro Telerrecriación: un modo crítico y creativo de pensar y producir televisión (e-book) y hice parte de la mesa-redonda Escribir y publicar un libro: charla con autores, en La Casa del Saber de San Pablo, en julio de 2018.

Es un honor y un placer tener la oportunidad de compartir un poco de mi experiencia como investigadora. Agradezco la presencia de todos y, en especial, de mis amigos que están aquí hoy: Alexandre Santos, André Santini, Mauro Frysman y Rafael Pieroni, ustedes son parte fundamental de fases distintas e importantes de mi vida y, sin duda, integran mi proceso de creación.

En mi exposición de esa mañana, intentaré traducir para ustedes algunos instantes del proceso de tesitura/creación de mis dos libros ya publicados. El primer de ellos es Tecendo rupturas: o processo da recriação televisual de Dom Casmurro (Rio de Janeiro: Tríbia, 2015) y el segundo, Cartografias da teledramaturgia brasileira: entre rupturas de sentidos e processos de telerrecriação (São Paulo: Labrador, 2018).

Comienzo rescatado mi trayectoria profesional, que no deja de ser personal, de cierto modo. Soy formada en Radio y Televisión por la Unesp, (Universidade Estadual Paulista “Júlio de Mesquita Filho”) de Bauru, interior paulista. También soy periodista y trabajé durante 15 años en los bastidores de la TV. En ese contexto, yo escribí, edité, he producido y dirigido programas de televisión, en el periodismo televisivo y en el entretenimiento, principalmente en la TV Cultura de São Paulo (Fundação Padre Anchieta) y en el SBT (Sistema Brasileiro de Televisão), que fueron las emisoras donde permanecí por más tiempo. Después fui ser profesora de televisión y, contando de esa manera tan sucinta parece que fu fácil, pero en verdad no es así. Mis “compañeros de trabajo” aquí presentes no me dejan olvidar que esa trayectoria fue, mínimamente, intensa. Y de mucho aprendizaje. Creo que eso interesa a nuestra charla porque fue en ese periodo que yo construí mi repertorio y adquirí experiencia en la práctica, ambos esenciales para mi ritual de pasaje entre el mercado de trabajo en televisión y en salón de clases.  

Esa es una relación casi antagónica, porque el mercado te capacita de modo diverso de la universidad y eso lo diferencia en la práctica académica; al mismo tiempo, fuera de él, uno se desactualiza en una velocidad avasalladora, principalmente delante de un escenario de cambios significativos en el ámbito comunicacional, en que, sin interrupción, los procesos de producción y de consumo de los textos televisuales son remodelados y nuevas lógicas culturales van imponiendo otras configuraciones al medio. Lo que yo quiero decir con ello es que, en un período corto de dedicación solo a la universidad, su experiencia práctica queda anticuada y ahí empieza un trabajo arduo de equilibrio entre eses dos pilares, pero esa pauta es para otro encuentro.

Volviendo a mi ruta, dos años después de que yo estaba impartiendo clases, distante del mercado, pero ni tanto, porque ahora lo observaba desde otro ángulo, como profesora de televisión; resolví hacer un curso de maestría en Comunicación y Lenguajes en la  Universidade Tuiuti do Paraná. En la época, yo vivía en Curitiba y estaba dedicada a continuar en la vida académica. Tanto que, así que concluí la maestría, me fui a vivir en Porto Alegre para cursar el doctorado en Comunicación e Información en la UFRGS, la Universidade Federal do Rio Grande do Sul. Aun no conté para ustedes que yo no soy de esas ciudades del sur de Brasil, yo nací y siempre he vivido en São Paulo, con una pausa durante el grado que cursé en el interior del estado, pero con idas y venidas constantes. Sin duda, esos pasajes tuvieran influencia en mi producción como escritora/investigadora.

Mis libros son resultado de las investigaciones de maestría y doctorado, o sea, mi proceso de creación se difiere de quienes escribe ficción, mi trabajo alía mis experiencias y subjetividades, es claro, pero también mucha lectura e investigación científica, y exige un modo particular de escritura, traza un diálogo entre diferentes autores y refleja crítica y conceptualmente sobre la televisión, sobre la ficción seriada, más específicamente. Pienso que, independiente del trabajo de creación realizado, sea literario o no, algunos pasos son imprescindibles, etapas que me parecen que deben ser inherentes a los dos perfiles de escritores, el escritor de ficción y el investigador. Uno de esos pasos creo que sea la creación/definición de la propia metodología de trabajo; groso modo, es usted ser capaz de organizar y poner en movimiento su repertorio,  las informaciones sobre lo que uno quiere tratar, sobre lo que va a hablar en su libro, yo diría que es tejer un guión de las ideas, del encadenamiento de las escenas, capítulos.

Esa “organización” ayuda en la búsqueda por la coherencia interna de una investigación o texto ficcional. Legamos a eso con mucha reflexión y, sin duda, un planeamiento adecuado. La metodología debe acoger todo el trabajo de investigación, no es apenas como si uno recolectara informaciones o discurriera y presentara los resultados y, menos aún, como dispone su agenda diaria. Hay escritor que piensa que porque escribe dos o tres horas diarias estableció una metodología de trabajo, la verdad que no es así, o mejor, no solo eso, la metodología es mucho más que crear una rutina para el acto de escribir.

En el capítulo de abertura de mi segundo libro, Cartografias da teledramaturgia brasileira, traigo una discusión sobre la metodología que usé en la escritura de aquel estudio. A principio, pensé en excluir esa discusión de la publicación, pero después percibí que sería incoherente, porque los bastidores de lo que fui investigando eran fundamentales para la comprensión de porque yo defendía determinados conceptos y de como yo construí los argumentos teóricos.

El título del libro ya apunta que me gustan las orientaciones y caminos sugeridos por el método cartográfico, porque no trae un modelo estanque a ser seguido, por el contrario, dice que cada investigador descubre/teje el suyo, todavía, da algunas pistas, indica algunos trayectos a deberán ser pensados para orientar el trabajo. Por ejemplo, una de las investigadoras de la cartografía en Brasil, Kastrup (2007; 2008), alerta para las variaciones de nuestra atención durante el proceso de una investigación. La autora sugiere cuatro momentos en que debemos, entre otras decisiones que serán tomadas, saber la hora de recortar el objeto de estudio y seguir en frente, eso me ayudó mucho, porque, si no fuera así, la investigación nunca sería finalizada, el libro nunca estaría listo. Si uno quiere mismo publicar un libro, tendrá que encerrar el proceso en algún momento. Tengo un amigo que, cuando supo que yo haría una ponencia, me dijo: “Yo también tengo un libro, pero no lo escribí todavía. La historia está toda en mi cabeza. Hace diez años tuve esa idea y es sensacional”. Perfecto, pero si usted no se organiza, sistematizando las ideas y dedicando horas, muchas horas devotadas a la escritura, no saldrá libro alguno, sea una narrativa literatura o una investigación académica.

Es preciso preparar el proceso, pero eso no significa decir que nos cerraremos en un método rígido de creación, por el contrario, cado uno de ustedes debe ser capaz de percibir y encontrar la mejor manera para su proceso personal. Esa es la búsqueda de la cartografía, una autonomía que permite que cada escritor de ficción y/o investigador trae un movimiento flotante, que va (re)construyéndose el tiempo todo, aunque tengamos planificado todas las etapas, porque en el trayecto vamos circulando entre perspectivas teóricas diversas, más allá de otros materiales de orden no científica, como entrevistas, reportajes, guiones y en medio a las nuevas percepciones que van surgiendo.

Es importante observar que, en el campo comunicacional, la cartografía es reciente y aun usada con parsimonia, por veces mezclada a otras metodologías. Rosário (2016) piensa la cartografía en la comunicación como un camino metodológico que traza un mapa inacabado del objeto de estudio a partir de la mirada vigilante, adjunta a las observaciones del investigador-cartógrafo, que son únicas. Esa definición trae dos presupuestos fundantes de la cartografía, en mi manera de ver: la multiplicidad y la subjetividad. La cartografía es una propuesta de Deleuze y Guattari (1995)[1] que tiene su origen en la noción de múltiple. Los autores sugieren que el mapa construido en el desarrollo de la investigación se revela a partir de rizomas, con puntos de intensidades, líneas distintas y conexiones diversas que se mueven y van trazando un mapa nunca acabado. En ese sentido, el trayecto de cada investigador-cartógrafo es diferente, o sea, cada estudio tiene su mapa/rizoma que se teje con coordenadas que difieren entre sí. En mi investigación, publicada en el libro mencionado arriba, trazé una cartografía de la dramaturgia televisual de la TV abierta en Brasil, pasando por las rupturas de sentidos en la obra del autor y del director de audiovisual Luiz Fernando Carvalho, pero tengo ciencia que mismo en la producción audiovisual de él hay otras cartografías pasibles, así como, si otros investigadores analizasen las mismas producciones que yo, probablemente establecerían otras conexiones.

La multiplicidad está íntimamente vinculada al rizoma y es una de sus características, permitiendo observar las singularidades del objeto de investigación (como elementos que constituyen el múltiple), que son puntos fundamentales de toda cartografía, o sea, las diferencias de ese objeto. La búsqueda cartográfica reside en las diferencias. Ya en la subjetividad está la idea de proceso, y cuando hablo en configuraciones de subjetividades en la formación de los mapas/rizomas estoy alertando para el carácter potencialmente oscilante de cambios en el proceso, porque los rizomas formadores de las cartografías son compuestos por vectores heterogéneos: políticos, sociales, económicos, ecológicos, tecnológicos y otros (DELEUZE; GUATTARI, 1995; KASTRUP, 2007; 2008). Así, esas también fueron las nociones y que guiaron y aun guían las investigaciones que desarrollo, una circunstancia de trabajo moviente, que se modifica a cada descubierta, despertar del objeto estudiado o impacto externo.

Esa sugestión, de estar atento para la creación de una efectiva metodología de trabajo/investigación/creación me remete a la noción de proceso ocurriendo, que considero basilar, porque siempre estamos en proceso. Esto es, siempre pensaremos que podría estar mejor o de otra manera, que la reflexión puede ser actualizada, que el personaje aun esta inacabado. Y debe ser así mismo, porque, con el pasar del tiempo, avanzamos en nuestras investigaciones, en nuestro estilo de escritura y adquirimos más conocimiento sobre el mundo y las investigaciones ajenas.

La perspectiva cartográfica también nos alerta para la relevancia de la investigación de datos, yo diría que más que eso, para los materiales adyacentes, incluso. Pensando en el estudio de la televisión, podemos dar como ejemplo las críticas de TV, los reportajes sobre los programas, más allá de las informaciones sobre los bastidores de las producciones y, aun, materiales extras, como los guiones publicados como libros y entrevistas de presentadores/ Actores. Una vez he colocado una información en un artículo científico que saqué de un material extra, publicado junto con el DVD de la serie que yo analizaba y, cuando envié ese texto para una revista, el evaluador observó que aquella mención iba en contra de la credibilidad de la argumentación, ya que no se trataba de ningún autor reconocido. No estoy de acuerdo de ninguna manera, porque el método cartográfico de trabajar un texto me mostró que los materiales de orden no científica, más allá de aquellos debidamente “reconocidos”, pueden nos ofrecer informaciones de relieve cuando estamos pensando el proceso de creación en la televisión, entonces ¿porque no traerlos para la reflexión?

Eses procesos hacen parte del saber-pensar, mismo que no tengamos conciencia de ellos. Así como las subjetividades de cada uno, que siempre van hacer parte de lo que escribimos. Mucho de mi formación profesional y personal compone mis textos, a veces más, a veces menos. Nuestras experiencias de vida en relación al otro y al mundo son reveladas en las entrelíneas y fuera de ellas. Y confieso que durante muchos años me esforcé para esconderlas, en vano, supongo. Demoré un largo tiempo en percibir que podría ser valiosas. Traducirlas con desenvoltura o no es parte del acto de escribir, mismo que el autor presente resistencia, como yo equivocadamente hice. Por diversas veces, revelar una mirada personal me sonó totalmente inadecuado. Hoy, creo que eso depende apenas del modo como engendramos y traemos esa información para el texto.

También pasé a crear que escribir es por sobre todo un acto de seducción, uno seduce el lector con su historia, su investigación, sus personajes, mismo que sea para odiarlas. Solo recordamos el éxito del villano de las telenovelas, destaco dos: Odete Roitman (eternizada por la actriz Beatriz Segall, recién fallecida) en la telenovela Vale-tudo (TV Globo/1988-1989) y, más recientemente, Carminha (interpretada por Adriana Esteves) en Avenida Brasil (TV Globo/2012), odiadas e adoradas por el público.

Eso pasa en función de que nos atrae aquello que nos afecta, son nuestras subjetividades exponiéndonos. Traducimos en texto lo que está en nuestro espíritu, vivencia, aunque se diga por ahí que las “creaciones ganan vida” y que “los personajes se vuelve independientes” conforme vamos escribiendo. Pienso que posiblemente sea así mismo, todavía, nuestras subjetividades quedan impregnadas en aquello que creamos y tornamos público (o no).

Otro día, fui invitada para hacer una participación en un grupo de investigación para hablar sobre un aspecto particular sobre mi tesis de doctorado. Para mi sorpresa, el coordinador del grupo dijo: “Mira, nuestro grupo discute tecnología, cultura y afectos, y usted hace una lectura diferenciada sobre ese asunto, pienso que su habla puede interesar a los investigadores del grupo”. Me quedé pensando… no, yo no hablo de eso. Después de haber escrito algunos correos electrónicos percibí que la lectura que ese profesor hizo de mi texto estaba muy correcta, yo había establecido una relación que él percibió, la discusión estaba allá, yo que no me había dado cuenta. Tal vez sean por esas vías que podemos decir que nuestros textos/ideas/personajes “ganan vida propia”.

Dicho eso, vamos a otro punto que me parece importar a la dinámica de escribir un libro. ¿Quieren ustedes saber cómo me surgen las inspiraciones, las ideas? Ya deben haber percibido, vienen de una vivencia profesional en la televisión y de una pasión personal en relación a las historias de ficción contadas en la televisión. Está bien, esa fue una forma más pulida de decir que: “yo adoro ver telenovelas”.

Volviendo al terreno de las “inspiraciones” y ya que hablé de telenovela de nuevo, pensamos en el ejemplo de un escritor/a de telenovelas, que precisa redactar un guión de ficción extenso, que queda en el aire por meses, con muchos personajes. En general, es un equipo que se divide y, por más que estén en sintonía y, en ese caso, destaco la importancia cabal de la investigación que antecede la escritura de un texto, sea una investigación académica o un texto ficcional. Me acuerdo, aun, que esa autora, especialmente tiene como característica escribir sobre culturas distintas de la nuestra. Solo pensamos en la telenovelas globales de las 21h: O clone (TV Globo/2001-2002); Caminho das Índias (TV Globo/2009) e Salve Jorge (TV Globo/2012-2013), que se pasaron respectivamente en Marruecos, en India y en la Turquía, con tramas paralelas ambientadas en Brasil. Ella precisó de una investigación minuciosa, realizada por meses. Hechas la  investigación y la selección, ella tuvo que decidir lo que de hecho sería retratado en cada historia. El proceso de creación en una investigación sigue un camino parecido, la “inspiración”, en ese caso, puede ser una experiencia de cierto modo exhaustiva, porque también adviene de otros autores que estudian el mismo tema, aquellos con que concordamos y, incluso, aquellos de que discordamos. La escritura se hace a partir de ese conocimiento y, así como el autor de la telenovela que tiene un plazo para entregar el texto, nosotros, investigadores, también trabajamos con plazos que yo diría que son casi deshonestos. Una tesis de maestría precisa estar lista en dos años y una tesis doctoral en cuatro, normalmente. Y como no pasamos ese tiempo apenas investigando y escribiendo, sino inmerso en inúmeras otras actividades exigidas por los programas de posgrado (por ejemplo: ir a congresos, redactar informes, participar en reuniones de grupos de investigación, integrar proyectos de investigación colectiva, dar clases y supervisar alumnos de grado, publicar artículos y capítulos de libros…), entonces, eses periodos son entremezclados por momentos de profundo estrés. Por ello, jamás diga a para un alumnos/investigador de posgrado: “¿Usted solo estudia?; o para un profesor, como ya oí algunas veces: “¿Profesora, usted solo da clases o también trabaja?”.

En fin,  con o sin “inspiración”, el texto precisa ser finalizado para ir al aire o para ser evaluado por un tribunal de profesores. ¿Y cómo corresponder a ese calendario con placer y sin enfermarse? Cada escritor precisa trazar su camino, respaldado por una investigación cuidadosa, y ese cuidado no excluye los escritores de ficción, que, antes de enredar sus narrativas, deben tener informaciones suficientes para retratar los lugares que quieren describir o los hechos históricos que van contextualizar, entre otras investigaciones.

Yo tengo un amigo que escribe programas de humor. Un día nosotros estábamos yendo trabajar juntos y él estaba muy preocupado, porque en aquella semana las ideas no venían, era el martes y el precisaba terminar el guión del programa para ser grabado en el jueves, porque el sábado por noche iba al aire. Él me contaba sobre la dificultad de hacer humor y yo lo contraponía diciendo que me parecía que era algo tranquilo, hasta porque nuestro escenario político daba mucha “inspiración” para eses perfil de programa y él decía que no era así de fácil, intentando convencerme de lo difícil que era hacer el otro reírse o y no solo, porque eses programas también se proponen a hacernos reflexionar. De ahí le pregunté lo que hacía cuando eso pasaba. Él me respondió: “Me quedo más en la ducha”. Hice una expresión de incredulidad, sin comprender aquello, y él se justificó: “Siempre tengo buenas ideas en la ducha”. En aquella época, yo era una persona extremamente preocupada y dedicada a mi trabajo en el periodismo televisual, no era capaz de entender como esa situación funcionaba como una fuente de ideas inesperadas. Una década más tarde, yo no escribía más para la televisión y empezaba a escribir mi tesis de maestría, artículos, tesis de doctorado; sumergida en mi nueva profesión de profesor e investigadora, pude comprender lo que me había dicho.

Me explico: vivo rodeada de tablas coloridas por resaltadores, post its por la casa, banquetas y cajas llenas de libros, cado uno par aun proyecto/artículo diferente. Yo me programo para cerrar determinado texto en tantos días o meses y mi cronograma nunca funciona, él es revisado constantemente... adoro cambiar la agenda, es enloquecedor, admito, pero, para quién trabajó durante años con el Sílvio Santos, ser la principal  responsable por los cambios de mi propia agenda parece bien saludable para mí. Por más que esa supuesta confusión parezca un desorden a los ojos de otras personas, principalmente de mi madre, después que conocí la cartografía, vi que fue parte del proceso que desarrollé para mi creación personal y es exactamente como debe ser. A esa “organización” añado algo que hoy me suena como indispensable para la producción de mis textos, el hecho de estar tranquila en la hora de sentarme para escribir. Como bien ejemplificó mi amigo, guionista de programas de humor, para el proceso de creación literaria ocurrir precisamos tener foco y estar relajados. Él conseguía tener buenas ideas en la ducha porque era el momento en que estaba ajeno a los problemas externos, incluso al problema de la falta de ideas.

Y tiene una explicación fisiológica para eso[2]: las sinapsis cerebrales son activadas cuando estamos tranquilos y no bajo presión. Cuando estamos tensos, nuestras neuronas van muriendo; ya que cuando estamos calmos, nuevas neuronas están formándose, y ese es un estado fértil para el surgimiento de las ideas. Entonces, cuando nos duchamos o estamos durmiendo, vivenciamos estados propicios para esa condición. Yo ralizo muchas anotaciones al acordar y, por veces, cuando despierto durante la noche. Por ello, estén atentos a eses instantes de la vida, sugiero que no abandonen aquellos cuadernillos… donde debemos anotar todo que nos parece bueno para colocar en un texto aquellas ideas que captamos en la calle, en el metro, en las charlas informales con amigos… idea es como la palabra, ambas van con el viento… otro la percibe, se organiza, escribe y publica, caso la gente no lo haga.

Para encerrar, destaco la importancia de publicar y divulgar investigaciones, mucho más que son hoy. No podemos dejar de traer lo que se está estudiando y también creado por jóvenes escritores de ficción, por varios motivos, para ampliar/compartir conocimiento, sin duda, pero también para estimular otros investigadores y hasta como una forma de resistencia, ya que la investigación por veces se negligencia. Por ello, incentivo ustedes a publicaren sus investigaciones y los escritores de ficción a no dejaren de contar sus historias. Recomiendo que repiensen sus metodologías de trabajo el tiempo todo; den atención a la coherencia textual y busquen maneras de relajarse para que surjan nuevas y buenas ideas, a partir de las subjetividades, vivencias y miradas que traen dentro de sí.

 

 

Referências

COCA, A. P. Tecendo rupturas: o processo da recriação televisual de Dom Casmurro. Rio de Janeiro: Tríbia, 2015.

. Cartografias da teledramaturgia brasileira: entre rupturas de sentidos e processos de telerrecriação. São Paulo: Labrador, 2018.

DELEUZE, G.; GUATTARI, F. Mil Platôs: capitalismo e esquizofrenia. São Paulo: Editora 34, 1995. v. 1.

KASTRUP, V. O funcionamento da atenção no trabalho do cartógrafo. Revista Psicologia & Sociedade, Rio de Janeiro, p. 15-22, 2007.

. O método da cartografia e os quatro níveis da pesquisa-intervenção. In: CASTRO, Lúcia Rabello de; BESSET, Vera Lopes (Org.). Pesquisa-inter- venção na infância e juventude. Rio de Janeiro: Nau, 2008. v. 1, p. 465-489.

ROSÁRIO, N. M. Cartografia na comunicação: questões de método e desafios metodológicos. In: LOPES, Maria Immacolata Vassallo de; MOURA, Cláudia Peixoto de (Org.). Pesquisa em comunicação: metodologias e práticas acadêmicas. Porto Alegre: EDIPUCRS, 2016.

[1] Importante registrar que los autores pensaban la cartografía como método o metodología de investigación, pero como uno de los principios del rizoma. Fueron investigadores de otras áreas, sobretodo de la psicología y de la educación, que propusieron así.

[2] Menciono especialmente la biomédica Gabriella Souza Lopes Rocha, que me dio esas explicaciones mientras yo repasaba el texto de esta ponencia y ella gentilmente me oía, cuestionaba y daba sugestiones pertinentes y que fueron mucho bienvenidas.